domingo, 28 de marzo de 2010

Confusion



Val observó a Cathie que tenia la cara descompuesta, marcada por unas ojeras moradas debajo de sus preciosos ojos pardos.
Se rascó la nuca, algo confuso, y acto seguido subió la mano por su cabeza rapada.
No entendía la situación que se desarrollaba ante él. Transcurrían como imágenes borrosas e inconexas de una película de bajo presupuesto.
Ese no era un comportamiento corriente en ella, el la conocía.
- Cathie… -apenas sonó como un susurro. Notó como esta bajó la mirada y volvió a probar con su típica sonrisa socarrona y un tono de voz más jovial-. Se te ve cansada. ¿Demasiada fiesta ayer, eh?
Al intentar un posible acercamiento hacia ella, Candy se interpuso en su camino, echando miradas furibundas al pelele que ahora era su amiga. La pequeña pelirroja parecía enfadada y no estaba muy dispuesta a que diese un paso más, y mientras Cathie parecía en estado de shock, como si no oyera nada y no fuese capaz de emitir sonido alguno.
En ese instante, Val observó perlantes y brillantes lágrimas rodando por el blanquecino rostro de Cath. Notó una opresión en el pecho. ¿Qué le habían hecho a su pequeña Cath?
- Cath… ¡Cath! –comenzó a gritar, llamando la atención de algunos viandantes que pasaban en ese instante por ahí, que miraban su ropa , sus pantalones vaqueros rotos, y su chupa de cuero parda. Los ignoró, concentrado en la chica que tenia frente a él.-. Joder, ¿qué te pasa? ¿Alguien te ha amenazado? ¿Te han hecho daño? Como haya sido eso, pienso cortarle la cabeza y echársela a los perros.
Exclamó furioso. Intentó de nuevo un acercamiento, pero Candy lo separó con un pequeño empujón. La observó algo confuso y a la vez irritado.
- Val, déjala tranquila, ¿vale? –exclamó la pequeña, con una voz helada poco propia de ella-. Será mejor que te vayas de aquí.
La pelirroja comenzó a tirar de Cathie, todavía con la mirada baja y el rostro apenado. Val se encontraba desesperado, enfadado. “¡Joder!
- Tú no tienes derecho a decirme lo que tengo que hacer –este se adelantó a ellas y se interpuso entre Candy y su camino, parándola-, pequeño tapón pelirrojo.
Candy subió la mirada y Val apenas pudo quedarse más que mudo.
- Que-Te-Den. –le escupió la susodicha con palabras envenenadas.
Y, antes de que desaparecieran, echó una última mirada a Cathie, viendo como era arrastrada de entre sus brazos.
Se quedó ahí, parado en medio de la acera, con el viento azotando su piel y una opresión en su corazón.


sábado, 27 de marzo de 2010

Cassé



Los ojos pegados entre lágrimas y rimel, sol molesto en la cara, dolor muscular, sobretodo en el corazón, giro del cuello con cansancio, ganas de seguir sollozando, angustia y confusión en el alma.
Cathie se incorporó, sin ganas, sin saber aún que es lo que le ocurría a su cuerpo.
Se estiro como un gato, y se volvió a dejar caer en la cama.
Y, al volver a cerrar los ojos se le apareció otra vez la imagen, Val, esa chica, el dolor agudo en el pecho, parpadeó, y salió de la cama de un salto.
Pitillos vaqueros, negros, una camiseta color hueso, de tirantes, con un dibujo en negro, una chaqueta de algodón, con botoncitos, negra y las converse color crema. Se miro en el espejo de cuerpo entero, “desde luego lo que llevo puesto va con mi estado de animo” comento mirándose las ojeras, pensando en si esas enormes marcas quedarían tapadas con el maquillaje.
Tras varios minutos, largos, en el baño, arreglándose lo mejor posible, planchado de pelo, lavar la cara, rimel, sombra de ojos, línea, decidió que no podía hacer nada mas con su, esa mañana, agotado rostro.
Llamó a Candy, que aun seguía en la cama, y la insto a que se diese prisa, “¿Para qué?” pregunto su somnolienta amiga, “para ir de compras”, respondió, insegura de si realmente le apetecía, Cathie.
Tras media hora esperando a que se preparase Candy salieron a la calle ocn cara de muertas vivientes.
-Estamos preciosas.
Comentó con un acentuado sarcasmo Candy, mientras miraba sus pitillos grises perderse en el interior de sus anchas vans.
Cathie asintió.
-Si, por cierto, me gustas tu sudadera, es de adidas ¿no?, mola, tan moradita.
Agregó, arrastrando las palabras.
-Anda, pero mira que chicas tan preciosas me he encontrado yo por aquí.
Cathie levantó la cabeza con un escalofrío, frente a ella, con una sonrisa radiante, estaba Val.
-Hola Cath.



Don't Worry (musica de acompañaniemto...)