miércoles, 27 de enero de 2010

La Nuit Vint



Llueve, pequeñas gotas perlan los cristales, cómo lagrimas saladas que ya nadie recuerda.
Parece que la ciudad se tiñe de melancolía, pero no cesa su ritmo, PUM-PUM, coches personas, corren, con capuchas, con paraguas, despistados a los que las nubes no advirtieron lo suficiente.
Tras los cristales, serena y abstraída, Océanne. Cámara en mano, sin embargo, mira la cielo, pensando, tal vez, en recuerdos que preferiría olvidar.
Suena el teléfono.
-¿Rubia?, esta noche dance. Y no me pongas excusas.
-Aimée no me gusta la discoteca, lo sabes, a sí que, no.
-Por favor llámame Ai ¿quieres? Sabes que no me gusta mi nombre.
-Por eso te llamó por él.
-Si no sales, iré hasta allí, te pondré uno de esos preciosos vestidos y tacones que tienes, te robaré algo de ropa, y te arrastraré hasta Nuit.
-Hmmmm...
-No, hmmmm, no, vienes y punto, si luego te lo pasas genial.
-Pero es que, esta lloviendo.
-Por la noche no, ya lo verás.
-SI llueve no voy..
-Okey. Besoos, tk, lo sabes..., nos vemos esta noche, en la puerta de Nuit.
-SI llueve...
-Pi pi pi pi.
Un suspiro acompañó a la respiración de Océanne.
Palabra de honor, negro, un Strapless, abullonado, elegante pero informal, tacones de charol, negros, con pequeños remates en oro antiguo, pelo suelto.
Llega la noche.



Comes Night, Night came

sábado, 23 de enero de 2010

Enchanté, Princesse



Rubia platino, largas pestañas (estos rimeles de ultra volumen funcionan, o ella es especial), ojos grises, cabello liso y media melena, solitaria, rara, “fashion”, lectora habitual, sarcástica, carácter fuerte, determinación, borde, ceño fruncido, finas cejas, piel de porcelana, etérea pero con lo pies en la tierra.
“Estoy seguro de que no es mi tipo. Y, estoy aún más seguro, de que yo no soy su tipo, creo que su mirada de odio es una pista.”
Ignorándola, Jules volvió a bajar la vista hacía su Sudoku.
Mientras pensaba miró de reojo a la chica, está, sin poderlo resistir estaba mirando los avances en el asiático juego de lógica.
-Hay dos números que puedes poner.
-Hmmm?
-Digo que hay dos números que puedes poner, un 9 y un 5.
Él la dirigió una mirada interrogante. Después, con una sonrisa, volvió al Sudoku, buscando el 5 y el 9 posibles, al cabo de unos segundos ya lo había terminado, bajo la mirada atenta de Océanne.
-¡Uoooh, el primer experto que acabó!
Exclamó con una gran sonrisa en la cara. La chica lo miró, algo alarmada por la subida de voz.
-Eres un escandaloso.
Dijo con el ceño fruncido, mientras el bajaba la mirada hacía ella.
-Gracias , por la pista.
Respondió con una sonrisa. Un ligero sonrojo dio algo de color a las mejillas de ella.
-Sólo es un Sudoku, no se porque te emocionas tanto.
-No sólo es un Sudoku, es una pequeña superación.
Ella se levantó, dejó el dinero en la mesa y se puso el abrigo.
-No, te invitó yo.
Respondió él, devolviéndola el dinero.
-¿Por lo del Sudoku?
-Tal vez, si es eso lo que quieres creer.
Se giró, de forma elegante, y salió por la puerta, mientras Jules se acababa el café y pedía la cuenta.


If that's what you believe.

lunes, 11 de enero de 2010

Enchanté, Idiot




Caminó por la empedrada calle, decidida, unos pitillos, unas botas de esas que tan de moda estaban, peluditas por dentro, y una sudadera, ancha y marrón, tras la cremallera de esta, una blusa color crema con ribetes.
Gafas de sol, ray-ban wayfarer, rimel de mucho volumen, boina de lana para el frío y bufanda, color canela.
Entró en la cafetería y si dirigió a donde siempre, aquella pequeña mesa, para dos, pero que ella usaba para sí sola, con sillas forradas en terciopelo, mesita de caoba con formas en las patas y grabada en el tablero.
Pero aquella confortable silla ya tenía un cliente encima.
Pitillos desgastados, vans, camiseta marrón, una sudadera que se parecía demasiado a la de ella como para soportarlo, cara de concentración frente a un librito, con un boli en la boca, que movía de forma casi institiva, un chico.
En su mesa, con el pelo revuelto, con bollería y un café, en su mesa.
Con paso decidido ella se acercó a la mesa, apoyando con fuerza el libro que llevaba en la mano y manteniendo la mano encima de él.
-Esta es mi mesa.
Dijo con resolución en la mirada observando la cara de un ahora sorprendido joven.
El chico enarcó una ceja y la acompañó de una sonrisa irónica.
-Es la primera vez que vengo, no sabía que aquí tenías que comprar la mesa antes de poder sentarte.
Ignorando la parte sarcástica Océanne le respondió con mordacidad.
-Es evidente que es la primera vez que vienes- Dijo inclinándose hacía él- si no, sabrías que esta es mi mesa.
-Es evidente que necesitas gafas, porque como ves, hay dos sillas.
Dijo el Sonriendo abiertamente.
-Es evidente que necesitas sonotone, pues como oyes, es MI mesa, no NUESTRA mesa, además ese es mi sitio.
-Entonces, aquí tienes-Levantándose y ofreciéndola asiento.
Ella se sentó, por fin feliz tras recuperar su mesa.
Pero la felicidad duró poco, frente a Ella estaba Él.
-Me llamo Jules.
-Océanne.

viernes, 8 de enero de 2010

Jules



No había nada que odiase mas que oír el ruido del despertador.
Siempre lo mismo, como una monotonía horrible de la que no se podía escapar.
Se levanta, echa los brazos hacía atrás para estirar los músculo y se viste.
Vaqueros pitillos caídos, vans de cuadros, camiseta marrón, un gorro si es invierno, y un abrigo o sudadera.
Pero Jules odiaba la monotonía, si en su día adía no había lago diferente sentía que no tenía sentido.
Girar el cuello, un lavado de cara para quitarse el sueño, gestos extraños frente al espejo para disimular el cansancio, y una aspirina para el dolor de cabeza.
Siempre había sido un chico tranquilo, por el día, y otro completamente distinto por la noche.
Tenía muchos amigos y cais escogía a las chcias, su fama era de poder conseguir a cualquiera, aunque, como otros tantos, a veces le gustaba exagerar.
Podía tirarse en cualquier parque horas, mirando a los transeúntes, a los pájaros, a los árboles...
Hoy no desayunaría en casa.
Se dirigió a la ciudad en busca de un lugar que le gustara.
Y lo encontró. Cálido, bonito, tradicional, y tranquilo.



jueves, 7 de enero de 2010

Océanne




No había nada que la gustase más que ir a desayunar a su cafetería preferida en el barrio más concurrido de París. El pequeño y tradicional rincón, escondido en le casco antiguo de la ciudad, la hacía volver a la antigua Francia.
El olor a baguette recién horneada y el aroma del café la relajaban.
Era una chica sociable, pero nadie la conocía de verdad.
Escuchaba pero no contaba, daba consejos pero no los pedía. En el fondo nadie sabía quién era.
Le gustaba quedarse muchas veces en casa, tal vez un clásico del cine, o fotografiar por la ventana cualquier cosa.
Cuando salía a la calle se arreglaba, sin embargo le encantaban las sudaderas masculinas y los jerseys anchos.
Para ella no había nada mejor que sentarse en el diván con un buen libro y un chocolate caliente mientras oía la lluvia caer.
Daba largos paseos por la ciudad y difícilmente cogía algún medio de transporte.
No había nada más que le preocupara que los animales y las personas que sufren.
Muchas veces acudía a los refugios de animales como voluntaria, y en muchas otras ocasiones acogía animales temporalmente hasta que les encontraba un hogar seguro.
Nunca se había enamorado, y por tanto, para ella ese sentimiento era inexistente, hasta el momento.
Aquel día estaba de buen humor iría a su mesa de siempre, en su cafetería de siempre y pediría lo de siempre mientras, entre pagina y pagina de “ La Mecánica del Corazón” miraría a la gente pasar por la empedrada calle.